jueves, 10 de abril de 2008






El super héroe criollo

La aparición de Mirageman es la consecuencia de un trabajo metódico y de bajo presupuesto, ya que no se puede comparar con alguna otra producción chilena porque éstas no habían trabajado en el área de las artes marciales y, aparte que está convirtiendo a Marco Zaror en una especie de personaje de culto, con apenas dos películas y muchas patadas.

Cuando se intenta comparar las películas de Ernesto Díaz, se pensaría que hay muchas igualdades cinematográficas, pero detalladamente la cosa no es tan así, sólo se podría inferir que la categoría de cine de acción y las artes marciales son la mezcla entre Kiltro y Mirageman, además de una mirada crítica a la sociedad chilena.

Entre las características de las películas de Díaz hay que rescatar la propuesta de agregar un excelente guión, esto ayuda a que la cinta no sea solo una salsa de combos, patadas, sangre y acrobacias. Mirageman posee un hilo conductor basada muy a la par de un lejano Batman.

Obvio que el héroe nacional no es de muchos recursos, ocupa la micro para transportarse y busca la tranquilidad de su hermano menor, es por esto que sólo tiene sus puños y pies como artefactos de defensa ante una sociedad que se grafica en la maldad y crueldad de las mismas personas que son castigadas por el nuevo héroe.

Kiltro se alzó como la primera película de artes marciales producidas y rodadas en el país, y este motivo fue lo único que tuvo Díaz para posicionarse entre las películas más renombradas del país. Las críticas de la fecha indican que era un film muy bien logrado, que reflejaba acercamientos a películas de factura oriental, algo de Mortal Kombat, grandes coreografías, efectos a un buen nivel. Todo bien, salvo por el guión, que le restó peso una producción que pudo perfilarse como una obra maestra.

Tuvieron que pasar un par de calendarios para que Ernnesto Díaz replanteara su idea de hacer cine y utilizar a su compañero de mil batallas Marco Zaror. Una vez hecha la propuesta de nueva película, Díaz doblegó a la critica de su primera obra, y como resultado tiene un producto que no será desechable ni pasajero, como muchas películas que pasan sin pena ni gloria.

Otro punto a favor de Díaz es su mirada al país, con sus vicios y virtudes, algo que partió levemente en Kiltro, pero que ahora en Mirageman se establece como un argumento de peso que además colabora en la creación de una película que al parecer es como su antecesora, pero al ojo de la lupa, la cosa no es tan así y Mirageman se desmarca tranquilamente, y todo por un buen guión.